la mano que mece...el deseo
Nunca nadie supo porqué, pero la verdad es que el matrimonio de Edrofonio Suertes con la maestra Edelmira Valles empezó con mal pie, o -si lo prefieren- con mala mano. Y es que Edrofonio, sin ser mala persona, tenía como unos imanes carnales (pero harto selectivos) en las palmas de sus carnosas manos, que le empujaban indefectiblemente a depositarlas sobre nalgas ajenas, caderas prohibidas, bocas lejanas y otras áreas de la variada geografía femenina...Para muestra, un botón: vean esa instantánea tomada a los tres minutos y medio de que el cura, el Reverendo Cilicio Palante, pronunciara eso de hasta que la muerte (u otras nalgas) os separen...
(continuará)

